Los recientes terremotos registrados en Venezuela, Perú y México volvieron a recordar una realidad que suele quedar relegada cuando cesan las réplicas y es que la naturaleza no da avisos previos. Un sismo puede cambiar la vida de millones de personas en cuestión de segundos; una temporada de lluvias inundar poblaciones enteras y una sequía prolongada acabar con el sustento de cientos de familias campesinas.